Me gustan mucho los deportes. En particular, disfruto los partidos donde los narradores los describen como “no aptos para cardiacos”. Son momentos donde la trama de la estrategia de los dirigentes se ve reflejada en el espíritu combativo de los jugadores que “dejan el pellejo” en el terreno de juego. Lo que se planifica y se hace es con el fin de ganar.
Cuando era pequeño y jugaba en las pequeñas ligas. Se practicaba para ganar. Si se lograba el campeonato, entonces íbamos a las regionales y de vencer, entonces nos movíamos para las estatales. Ahora bien, cuando eso ocurría, el equipo que iba a esos mini-torneos, se caracterizaba porque añadían refuerzos. El fin era reclutar lo que hacía falta en el “roster” para tener las mejores opciones de ganar y representar a Puerto Rico en cualquier campeonato internacional.
En la iglesia, no jugamos en torneos pequeños. Pero nos movemos en escenarios donde está en juego el porvenir de las comunidades. El buscar el reino de Dios, nos invita a explorar, visitar y participar del proceso de intentar vencer los obstáculos que aquejan nuestra tierra. Esta semana nos reunimos para celebrar los 43 años de la iglesia Metropolitana. Ser iglesia requiere que hagamos ganar nuestra zona, que seamos vencedores en nuestra región y que en mejores términos, podamos impactar nuestra Isla.
Este proceso, no puede surgir en el vacío ni en la soledad. Necesita reforzar lo que tenemos. Por eso, esta semana queremos celebrar que como iglesia estamos llamados a reforzar lo que hacemos. Las estacas eran las que afirmaban las tiendas de vivienda para que los vientos no se llevaran lo que había sido erigido. Los fundamentos son esenciales para forjar lo que hacemos. No se puede crecer, ampliar ni desarrollar la gestión de la iglesia si no reforzamos lo que somos. Así lo destaca el texto bíblico: “Ensancha el espacio de tu carpa, y despliega las cortinas de tu morada. ¡No te limites! Alarga tus cuerdas y refuerza tus estacas” (Isaías 54:2, NVI).
La celebración del tiempo que hemos estado como iglesia en este lugar, no debe detenernos solamente en lo que se ha logrado. Por eso cantamos y festejamos. Sin embargo, no podemos desviarnos de lo esencial en este momento. Como iglesia Metropolitana, estamos llamados a ser instrumentos de vida en la comunidad y ante todo, en nuestra Isla. Estamos llamados a reforzar lo que sostiene nuestra fe para albergar a quienes ante la desesperación de los tiempos, no tienen albergue. Es tiempo de reforzar. Es tiempo de crecer. Este tiempo de no ser escaso. Es tiempo de celebrar que Dios nos invita a compartir esperanza para ser reino de Dios.
Bendiciones,
Eliezer Ronda Pagán