Noticia de última hora...

Soy consumidor de las noticias. Desde niño recuerdo a mis padres sentados frente al televisor para ver los acontecimientos del día. De camino a la escuela, estábamos obligados a escuchar las noticias en la radio. Además de eso, mi primer trabajo fue ser porteador de periódicos. Me quedaba un rato viendo la portada y leyendo los deportes.  Sencillamente, las noticias han sido parte de mi vida y me atrevo a decir que de la mayor parte de nuestro pueblo.

El campo de las comunicaciones ha ido transformándose en los últimos años. Ya no solo seguimos la prensa escrita y aquella que es televisiva.  También hacemos uso de plataformas desarrolladas en las redes sociales donde cada persona puede ser un reportero aficionado. Allí compartimos opiniones, además de informaciones que entendemos que pueden ser de interés a quienes acceden nuestros portales. La norma es la instantaneidad y compartir para generar opinión.

Lo interesante es que la propagación de la información se ha tornado hasta cierto punto en sadismo colectivo. De ahí que escuchar una noticia de última hora, tiende a ser más negativo que positivo. El espacio de informar se ha transformado en dejar saber lo malas que están las cosas.  La finalidad es mostrar cuán mal se hacen las cosas y cuán peligrosos son los lugares, de manera que el terror se apodere de las personas.

Además, en los últimos años, el fenómeno de las noticias de farándula domina la audiencia y su finalidad es exponer públicamente las interioridades de otros de forma irrespetuosa. Si hacemos una reflexión honesta, eso es totalmente contrario al evangelio.

La palabra evangelio viene de “euangelión” que significa, buena noticia. En tiempos antiguos, cuando los soldados salían a la batalla, la gente esperaba desesperadamente por un informe del campo de batalla acerca  del resultado. Una vez que se conocía el resultado, los corredores del maratón se apresuraban a dar el informe. Es por eso que Isaías escribió: "¡Qué hermosos son, sobre los montes, los pies del que trae buenas nuevas; del que proclama la paz, del que anuncia buenas noticias, del que proclama la salvación, (Isaías 52: 7, NVI). El vigilante miraría tan lejos como el ojo pudiera ver en la distancia. Finalmente, vería que el polvo se movía cuando el corredor aceleraba de regreso a la ciudad para dar el informe de la batalla. Los vigilantes eran entrenados para decir si las noticias eran buenas o malas por la forma en que las piernas del corredor se agitaban. Si el corredor estaba haciendo el cambio de supervivencia, indicaba un informe sombrío, pero si sus piernas volaban y el polvo se levantaba, eso significaba una buena noticia.

Ese es el concepto de evangelio en su sentido más básico.

Esta semana surgió un caso de exposición pública acerca de una orden de arresto contra un funcionario público. Las notificaciones en los celulares, las interrupciones en la programación regular de los medios y la difusión de la noticia de última hora se propagó “como pólvora”. Fue la comidilla de la tarde. Con ella, múltiples expresiones de ira, coraje y hasta de festejo por quienes no son partidarios de su desempeño. De repente, la población fue portadora de la mala noticia que más allá de informar el acontecimiento, se sentaban como participantes del Coliseo Romano para ver a la persona objeto de la investigación del Tribunal Federal, devorada por las fieras.

Pienso que la indignación y coraje por el mal desempeño del funcionamiento de servidores públicos debe alcanzarnos a todos. Sin embargo, debemos reflexionar sobre cuáles son las motivaciones para compartir información y qué queremos lograr al así hacerlo. La denuncia es importante. La búsqueda de la justicia es esencial. Compartir la noticia debe llevarnos a exponer la injusticia, pero no ridiculizar al otro. Tal cosa, hace que nuestro carácter sea ineficaz como portadores de buena noticia que queremos transmitir. 

La iglesia está llamada a compartir la buena noticia con la convicción de que el mundo puede ser transformado por el evangelio. Cristo es la buena noticia que trae esperanza de salvación al pecador. No seamos cómplices de la epidemia del terror.  Hagamos actividad de compartir esperanza de vida para un mundo que puede encontrar esperanza y vida en el evangelio transformador en Cristo Jesús.  Bendiciones.

Eliezer Ronda Pagán